ÍNDICE
EDITORIAL
IX
CONGRESO LATINOAMERICANO DE BOTÁNICA
EXPLORACIÓN
BRIOLÓGICA EN CABO DE HORNOS (III PARTE)
MYRIOCOLEA
REDESCUBIERTA EN ECUADOR
MEMORIA
DE LA REUNIÓN DE VENEZUELA
LITERATURA
PARA LATINOAMÉRICA
NUESTRAS
BRIOFITAS
EDITORIAL
Indice
El próximo Simposio Latinoamericano de Briología en la
República Dominicana está a un año de distancia. Será
el momento para revisar nuestros avances, identificar
los proyectos de grupo y, en general, reevaluar nuestro
desempeño en el periodo. Después de asistir a las reuniones
del XVII Congreso Internacional de Botánica uno podría
preguntarse cuáles son las tendencias del trabajo en América
Latina. En Viena se dieron a conocer avances importantes
sobre la evolución y filogenia, con énfasis en los estudios
moleculares, sobre dinámica de poblaciones y sobre ecofisiología
de las briofitas. De manera natural, los estudios latinoamericanos
ponen énfasis en la investigación florística y taxonómica.
Sin embargo, ¿qué otras disciplinas se están cultivando
dentro de nuestras fronteras? ¿Ha habido cambio en las
tendencias en la investigación regional desde la reunión
de Cartagena?.
Las
reuniones periódicas son un termómetro de los avances
científicos en un país o región. Esperamos ver la participación
entusiasta de todos los interesados en briofitas. Se ha
inscrito un solo simposio, pero sin duda, si la agrupación
o sus miembros desean participar más intensamente, podrían
abrirse otros espacios para mostrar los alcances de nuestras
investigaciones. En cualquier caso, los simposios latinoamericanos
siempre han sido un foro abierto para la discusión; sería
saludable incluir en este intercambio de ideas la posibilidad
de renovación y de cambio. ¿Podríamos sugerir un nuevo
editor para este boletín?.
Claudio
Delgadillo M.
IX
CONGRESO LATINOAMERICANO DE BOTÁNICA
Indice
Como
es del conocimiento de los miembros de la Sociedad Latinoamericana
de Briología, el próximo Congreso Latinoamericano de Botánica
tendrá lugar en Santo Domingo, República Dominicana, del
19 al 25 de junio de 2006. El Comité Organizador está
distribuyendo la segunda circular con información pertinente,
incluyendo el anuncio de un simposio de la SLB sobre 'Morfología,
Sistemática y Ecología de Briofitos' coordinado por Inés
Sastre De Jesús. La forma para solicitar preinscripción
se puede obtener en la dirección electrónica del congreso:
www.congreso.botanica-alb.org
EXPLORACIÓN
BRIOLÓGICA EN CABO DE HORNOS
William
R. Buck
(Traducción
libre de C. Delgadillo)
3a
Parte
Indice
Con
una mañana soleada y brillante anclamos en Caleta Misión
de la Bahía Orange en la Isla Hoste. Esta es una de las
islas más grandes de la región, con montañas altas y nevadas.
La Península Hardy, donde estábamos, era uno de los sitios
de colecta de la Mission Scientifique du Cap Horn de 1882-1883
y localidad tipo de muchas briofitas. Esta parte de la
isla tiene pequeños lagos donde la vegetación es un mosaico
de pastizales y Nothofagus enano. Las cimas de
los cerros tienen afloramientos de rocas y hacia abajo,
cerca del mar, hay turberas de Sphagnum. Aquí encontramos
por primera vez Ptychomnion densifolium y en la
densa vegetación, bajo Nothofagus, recolectamos
Haplomitrium chilense.
El viento constante y el sol brillante ocasionan quemaduras
en la piel. Sin embargo, como la temperatura permanecía
fresca, todos portábamos chaqueta y sombrero. Una vez
más, nuestras bolsas de colecta se llenaron rápidamente
con varios tesoros. Regresamos al barco para el almuerzo
y después a la Isla Hoste para colectar en un denso bosque
costero de Nothofagus. El piso estaba completamente
cubierto por musgo, o más bien, por briofitas. Ciertas
especies de Distichophyllum y Achrophyllum
eran especialmente abundantes con la alta humedad.
Con luz de día hasta muy tarde pudimos hacer una parada
adicional en las Isla Hoste, esta vez en bosque muy húmedo
de Nothofagus a un costado de un arroyo. Aquí encontramos
briofitas de sitios húmedos subiendo por la ladera al
lado del arroyo. Como resultado de la colecta se agregaron
muchas bolsas mojadas más a las pilas bajo nuestros catres.
El 22 de enero Bruce Allen cumplió 52 años. En secreto
hice arreglos para una celebración nocturna a bordo. Un
par de científicos chilenos y el cocinero del barco trabajaron
la mayor parte del día en la preparación de un pastel
en capas, con numerosas crepas alternando con capas de
jamón y dulce de leche. Bruce me preguntó varias veces
sobre lo que hacía el cocinero; dije que no sabía, que
tal vez era sólo la cena. Así que, una vez a bordo, el
pastel con sus velas y una botella de vino hicieron su
aparición y Bruce finalmente se percató del motivo de
la celebración. Durante el día ni él ni yo mencionamos
su cumpleaños, pero seguramente éste fue uno de los mejores
escenarios en que Bruce lo celebró.
El siguiente fue otro día en el paraíso. Llegamos a la
playa en la Isla Bayly cerca de un matorral de Hebe
de más de un metro de altura. Aquí, como en todos los
sitios que visitamos, Muelleriella crassifolia
cubría casi todas las rocas de la playa, pero éste era
especial por ser una zona de anidamiento de pingüinos.
Si no hubiera sido por los senderos hechos por ellos,
el matorral hubiera sido impenetrable. Aún aquí prosperaban
las briofitas como Tayloria magellanica que crecía
sobre excrementos de pingüino y Ulota phyllantha
era común sobre ramas de Hebe. Una pequeño Bryum,
semejante a una especie de Gymnostomiella, era
frecuente sobre el suelo. Elevándose a partir del matorral
de Hebe de la playa, había una ladera orientada
al Este donde Nothofagus, que en otros lados formaba
bosques altos, había sido podado por el viento y tenía
menos de 30 cm de estatura y nos permitía caminar sobre
el 'dosel' del 'bosque'. La claridad del día dejaba admirar
una vista espectacular del Canal Washington. Para regresar
a la playa seguimos una pequeña hondonada con un arroyo
que descendía por la ladera. La vegetación parecía muy
seca en la ladera expuesta, muchos de los musgos de sitios
húmedos encontraban refugio en esta cañada.
De la Isla Bayly seguimos hacia la Isla Wollaston, homónimo
de las Islas Wollaston. Anclamos en el costado sur de
la isla en el Fondeadero Kendall, mi sitio favorito en
todo el viaje. A lo largo de la costa había un bosque
denso de Nothofagus, con una ladera empinada cubierta
por arbustos. Una pequeña cascada descendía esa ladera
rebosante de briofitas. En el arroyo una de las briofitas
más comunes era Herzogiaria teres, rígida, negra
y con el aspecto de un musgo. A diferencia de otros sitios
las moscas negras eran un problema aquí, aparentemente
porque se podían reproducir en el agua rápida y fría los
arroyos, como en las latitudes del norte, y zumbaban alrededor
de nuestras cabezas tal vez atraídas por el bloqueador
solar. Este hecho parece ser poco común en el área y estando
en el costado de sotavento de la isla, el viento casi
no soplaba y ayudaba a que los insectos picaran. Aún así,
el sitio era un verdadero paraíso briológico. Después
de la primera meseta, llegamos a un gran lago que era
el origen del arroyo. A 120 m de elevación ya estábamos
por encima de la línea del bosque y la flora era esencialmente
alpina. Había zonas pantanosas repletas de Sphagnum;
sobre las cuestas más secas encontramos muchos musgos
interesantes en pequeños manchones, incluyendo especies
de Conostomum, Breutelia y Entosthodon.
Con gran desgano finalmente regresamos al barco. Con seguridad
muchos tesoros briológicos esperan al colector en la Isla
Wollaston.
Esa noche anclamos en Martial Cove en el costado nororiental
de la Isla Herschel. El lugar estaba ocupado por embarcaciones
privadas de varios tamaños y banderas de muchos países.
Como todavía teníamos luz de día salimos a buscar briofitas
en otra isla. Estoy seguro que esta clase de actividad,
anteriormente ignorada, hizo que algunos se preguntaran
lo que estábamos haciendo. De modo inusual, la pequeña
bahía tenía una gran playa arenosa por lo que dos miembros
del grupo aprovecharon el abrigo del sitio para bañarse
en el océano. Como no podría enjuagarme al salir del mar,
decidí que tampoco quería quedarme con la sal del agua.
La temperatura gélida del agua tampoco me atrajo. Sin
embargo, como parte de mi trabajo de campo, caminé por
un arroyo que vaciaba al puerto sus aguas de un color
café de ácido tánico. Me mojaría para colectar, pero no
para divertirme.
La culminación del viaje ocurrió a la mañana siguiente
con la visita a Cabo de Hornos. Isla Hornos la más austral
y la mejor conocida de las Islas Wollaston. La costa escarpada
de la isla sale casi recta desde el mar. Para llegar a
la isla se ha construido un juego complejo de escaleras;
quedan remanentes de un antiguo tren que se dirige hacia
arriba para transportar abastecimientos. Ahora son turistas,
principalmente, que llegan en barcos privados o en cruceros
los que suben los cientos de escalones hasta la cima.
La milicia chilena mantiene a una sola familia en la isla.
Aunque pudiera parecer un castigo, hay gran demanda por
el puesto ya que uno puede vivir con su familia sin tener
un oficial de mando cerca, se proporciona casa y se recibe
ingreso adicional por el aislamiento y el peligro. La
mayor parte del año los vientos aúllan sobre la isla y
hacen que las olas se estrellen en la costa. Cabo de Hornos
tiene una de las esculturas más espectaculares que he
visto. Está hecha de hojas paralelas de metal a las que
se les ha quitado la sección central. Cuando se ve en
el ángulo correcto, el centro está cortado como la imagen
de un albatros mirando hacia los mares del sur donde el
mal tiempo ha hundido cientos de barcos. Sin embargo,
esa mañana los cielos estaban claros y el viento moderado.
Trabajamos con las gramíneas amacolladas, principalmente
sobre nuestras cabezas y en el matorral de Hebe.
Los musgos eran un componente común de la vegetación terrestre,
especialmente en las áreas expuestas. Después de colectar
toda la mañana, la esposa del oficial militar de la isla
invitó a nuestro grupo de cerca de doce, a almorzar con
ellos. Aunque muchos turistas, incluyendo los de los cruceros,
se detienen en la isla, ellos no reciben a muchos visitantes.
Varios miembros de la expedición eran sus amigos y por
ello fue agradable recibir un almuerzo caliente en un
día fresco. Algunos adquirimos tarjetas con el sello postal
de Cabo de Hornos. Después del almuerzo íbamos a visitar
otra parte de la isla, pero al salir encontramos que el
tiempo había cambiado, el cielo estaba encapotado y el
viento más fuerte. Aún así salimos, advertidos de alejarnos
del área rodeada por una valla que tiene minas sin explotar
como relicto de las hostilidades entre Argentina y Chile.
Manteniéndonos alejados, llegamos a unos pequeños estanques
con Sphagnum acuáticos y con Distichophyllum
flaccidum en las orillas. Al deteriorarse el clima
subimos a una cresta orientada hacia el sur que nos separaba
de la Antártida por unas cuantas rocas; el viento era
tan fuerte que podía habernos enviado al océano. La lluvia
golpeaba nuestra cara, pero a pesar del mal tiempo, colectamos
representantes de Racomitrium, Schistidium
y Andreaea sobre rocas de exposición sur. Finalmente
al pasar la cresta, salimos del viento y descansamos.
Antes del viaje, Bernard Goffinet, de la Universidad de
Connecticut, quien me invitó a esta parte del mundo por
primera vez, me había regalado unos chocolates Belgas.
Este parecía el sitio ideal para abrir la caja y compartirlos,
sentados en el fin del mundo.
A pesar del viento y la lluvia seguimos colectando y trabajando
en el matorral. Llegamos a un manchón de Nothofagus
en una depresión, con las puntas cortadas por el viento
y casi formando una pequeña cueva. Además de proporcionar
refugio contra el viento, ofrecía abrigo a los musgos
y era un de los pocos sitios donde las epífitas podían
crecer. Por fin regresamos al puesto militar y estar a
salvo de los elementos. Estaba tan mal Isla Hornos que
nuestro buque buscó refugio en una bahía en otra isla
y con el mar picado, no podíamos abordarlo. Por un rato
pareció como si la familia militar fuera a albergar a
una multitud de visitantes. Sin embargo, los vientos disminuyeron
un poco y el barco pudo regresar a Isla Hornos.
Esa noche salimos hacia el norte, tristes porque la expedición
se iba a casa. Tomamos medicamento para el mareo antes
de nuestra primera noche abordo, pero el mar nunca estuvo
muy agitado y nunca pensé en tomar más medicinas. La mañana
siguiente fue un desastre. Desperté alrededor de las 6:00
AM en un barco que era golpeado fuertemente por el mar.
Las olas pasaban sobre el barco y éste era sacudido como
un bote de juguete en una tina. Me quedé en mi catre y
para las 8:30 dejamos el mar abierto para navegar al abrigo
de los canales.
Nuestra última parada del viaje fue Río Douglas, en la
costa suroeste de Isla Navarino. Era una área muy perturbada
que había sido habitada por muchos años. La mayor parte
de ella había sido abierta para el pastoreo y el ganado
transitaba libremente. Es difícil tener buen ánimo ya
que vas a casa y ahora no era diferente. Si el área hubiera
estado en majores condiciones, habría sido diferente,
pero era imposible tener una buena actitud al buscar unas
cuantas joyas entre una vegetación tan perturbada. De
todas formas, Bruce y yo revisamos las rocas grandes esparcidas
en el potrero y luego en un pequeño arroyo. Sobre las
rocas había Orthotrichum anomalum, Campylopus
introflexus fértil y varias especies de Grimmia
y Schistidium. Fue la única ocasión en que encontramos
material fértil de Notoligotrichum minimum, pero
nada adicional de interés. Lentamente regresamos al muelle
y esperamos a que nos recogieran.
Todavía teníamos que recoger la mitad del grupo que acampaba
en Wulaia. Se les pidió que estuvieran listos, pero cuando
llegamos no había nadie. Nos sentamos a esperar que estuvieran
listos. El barco estaba cargado para la etapa final, los
cielos claros y el viento se había disipado. Además de
los más experimentados, había voluntarios en su primera
salida al Hemisferio Sur. Estaban especialmente contentos
por ser recogidos pues no sabían como regresarían a casa.
En este punto nuestro barco llevaba más del límite aprobado
de ocupantes por lo que nos comunicamos y varios desembarcamos
en Puerto Navarino para que cuando el barco llegara a
Puerto Williams, los militares no se percataran de nuestras
violaciones. Estaba casi obscuro cuando llegamos a Puerto
Navarino; Pancha, la esposa de Ricardo llegó momentos
después junto con otro vehículo. Nos fuimos a casa siguiendo
la costa norte de la isla, hacia Puerto Williams, conforme
el sol de verano se ocultaba lentamente. Por supuesto,
todavía teníamos mucho trabajo para secar nuestros ejemplares,
pero todos encontramos el viaje muy valioso y uno de los
más espectaculares en que hubiéramos participado.
MYRIOCOLEA
REDESCUBIERTA EN ECUADOR
E.
Reiner-Drehwald, con fotos de L. Jost
Indice
Myriocolea
irrorata Spruce, coleccionada en los Andes de Ecuador
por Spruce en 1857, es probablemente la especie más particular
dentro de las Lejeuneaceae. En 2002 fue hallada nuevamente
cerca de la localidad tipo por Gradstein, Jost y Nöske.
Las plantas son muy robustas, hasta 5 cm de longitud y
0.5 cm de ancho; la parte basal del eje no posee hojas,
tiene aspecto de estolón y se adhiere fuertemente al sustrato
por medio de rizoides; la parte foliosa presenta lobos
enteros con el margen ondulado, sin lóbulos y anfigastrios
muy reducidos. El sistema de ramificación es muy complicado
y sumamente fértil; calculamos la presencia de aproximadamente
60 periantios por rama y ¡más de 600 por 1 cm de planta!
Myriocolea irrorata crece a lo largo del Río Topo
sobre arbustos de Cuphea bombonasae, en áreas periódicamente
sumergidas. La planeada construcción de una represa hidroeléctrica
en esta región justifica la inclusión de M. irrorata
en la lista de plantas en peligro (World Red List).
Referencia
Gradstein,
S.R., E. Reiner-Drehwald & L. Jost. 2004. The systematic
position and distribution of Myriocolea irrorata
(Lejeuneaceae), an endangered liverwort of the Ecuadorian
Andes. Jour. Hattori Bot. Lab. 95: 235-248.
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| ©
L. Jost |
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MEMORIA
DE LA REUNIÓN DE VENEZUELA
Indice
El
Journal of the Hattori Botanical Laboratory publicó recientemente
los resultados del Congreso Mundial de Briología efectuado
en Mérida, Venezuela, en enero de 2004. Las referencias
a temas latinoamericanos se citan con otras en nuestra
sección bibliográfica.
LITERATURA
PARA LATINOAMÉRICA
Indice
Aguirre
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buckii (Sematophyllaceae, Musci). Trop. Bryol. 26:
19-22.
NUESTRAS
BRIOFITAS
Indice

©
M.E. Reiner-Drehwald
|
|
|
Lejeunea
paucidentata (Steph.) Grolle es una especie
muy llamativa por los márgenes de las hojas y las
quillas del periantio ornamentados con dientes,
cilias y lacinias. Por estas características es
fácil diferenciarla de todas las otras especies
del género en el neotrópico. Lejeunea paucidentata
es una especie endémica de las Antillas; se conoce
de Cuba, Puerto Rico y Dominica. Crece epífila sobre
helechos, epífita sobre troncos, pequeñas ramas,
sobre madera en descomposición, rocas y suelo, generalmente
en habitats muy húmedos. DOMINICA, Schäfer-Verwimp
17737 (herb. Schäfer-Verwimp, GOET).
Descripción
e ilustraciones: Reiner-Drehwald & Goda 2000 (J.
Hattori Bot. Lab. 89: 1-54); Schuster 1970 (Bull.
Torrey Bot. Club 97: 336-352, como Dactylolejeunea
acanthifolia R.M.Schust.).
|
BRIOLATINA
es el boletín informativo de la Sociedad Latinoamericana
de Briología. Se edita en México, D.F. por Claudio Delgadillo
M. a quien debe dirigirse la correspondencia relacionada
con su contenido: briolatina@briolat.org
o moya@servidor.unam.mx